Seguridad alimentaria mundial y la posible contribución de las biotecnologías agropecuarias

 

Resumen de la conferencia magistral del Dr. Andrea Sonnino, Jefe de la Subdivisión de Investigación y Extensión, de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Roma, Italia, para REDBIO 2010, Guadalajara, México, 1° de noviembre de 2010.

 

Las cifras más recientes de la FAO indican que según las estimaciones hay 925 millones de personas desnutridas en 2010, lo que representa casi el 16 por ciento de la población de los países en desarrollo. El hecho de que siga habiendo casi mil millones de personas afectadas por el hambre, incluso después de superada en gran parte la reciente crisis alimentaria y financiera, indica la existencia de un problema estructural profundo que mina la capacidad de lograr los objetivos sobre la reducción del hambre acordados internacionalmente. Si proyectamos la mirada hacia el futuro se presentan, además, algunos problemas importantes. El primero es el entorno socioeconómico en rápida evolución, en el que se prevé que para 2050 la población mundial habrá pasado de 7 a 9 mil millones de habitantes; el porcentaje de las personas que viven en zonas urbanas habrá aumentado de alrededor de 50 por ciento a 70 por ciento; y en la alimentación aumentará la proporción de las hortalizas, las frutas y los productos pecuarios. El segundo es el cambio climático que, según las previsiones, tendrá efectos cada vez más negativos en la agricultura y la seguridad alimentaria.

 

La promoción de la agricultura en los países en desarrollo constituye la clave para alcanzar la seguridad alimentaria, y es necesario tomar medidas para aumentar las inversiones en el sector; ampliar el acceso a los alimentos; mejorar la gobernanza del comercio mundial; e incrementar la productividad, conservando al mismo tiempo los recursos naturales. Para esto último, será necesario aumentar considerablemente las inversiones en el sector público de la investigación y el desarrollo agrícolas. Las tecnologías destinadas a aumentar la productividad y conservar los recursos naturales deberían ser accesibles, adecuadas y adaptadas a las necesidades de los pequeños productores para lo cual es fundamental contar con sistemas de extensión funcionales orientados a la demanda.

 

El abanico de las opciones tecnológicas para los agricultores debería ser lo más amplio posible e incluir la biotecnología agropecuaria. La expresión biotecnología agropecuaria (o biotecnologías agropecuarias) abarca una amplia gama de tecnologías usadas en la alimentación y la agricultura para una serie de finalidades, tales como el mejoramiento genético de variedades vegetales y poblaciones de animales; la caracterización y conservación de los recursos naturales; y el diagnóstico de enfermedades vegetales o animales. En los debates sobre la biotecnología agropecuaria ha predominado siempre la controversia sobre la modificación genética y sus productos derivados, los organismos genéticamente modificados (OGM).

 

En el pasado, y todavía hoy, se ha hecho demasiado hincapié en los OGM y demasiado poco en los méritos y beneficios potenciales de tantas otras biotecnologías disponibles, y en la función positiva que pueden desempeñar para la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible en los países en desarrollo. El debate polarizado ha eclipsado las biotecnologías no relacionadas con los OGM impidiendo a menudo su desarrollo y aplicación. La abundante documentación de la conferencia técnica internacional de la FAO sobre las biotecnologías agropecuarias en los países en desarrollo (ABDC-10), que tuvo lugar en Guadalajara del 1° al 4 de marzo de 2010, presenta un panorama muy completo de las tantas formas en que se utilizan las diferentes biotecnologías agropecuarias para aumentar la productividad y conservar los recursos naturales en los sectores agrícola, ganadero, pesquero, forestal y agroiindustrial de los países en desarrollo.

 

La ABDC-10 reunió a alrededor de 300 responsables de las políticas, científicos y representantes de organizaciones intergubernamentales y organizaciones internacionales no gubernamentales, incluidas las delegaciones provenientes de 42 Estados Miembros de la FAO. Al final de los cuatro días, los Estados Miembros llegaron a algunas conclusiones, en las que reconocieron que las biotecnologías agropecuarias podían ayudar a reducir el hambre y la pobreza, contribuir a la adaptación al cambio climático y mantener la base de recursos naturales; que las diversas aplicaciones de las biotecnologías agrícolas no se han utilizado ampliamente en muchos países en desarrollo y no han beneficiado suficientemente a los pequeños agricultores y productores ni a los consumidores; y que la investigación y el desarrollo en materia de biotecnologías agrícolas debería centrarse en mayor medida en las necesidades de los pequeños agricultores y productores. También reconocieron que los gobiernos tienen que elaborar su propia visión y política nacional sobre el papel de las biotecnologías; que se necesitan estrategias de comunicación y participación efectivas con el público; y que el refuerzo de las asociaciones entre los países y dentro de estos facilitará el desarrollo y el uso de las biotecnologías.

 

Los Estados Miembros convinieron también en que unas políticas y marcos normativos nacionales eficaces y favorables podían facilitar el desarrollo y empleo de biotecnologías agropecuarias en los países en desarrollo y que éstos deberían realizar inversiones considerablemente mayores y constantes en la creación de capacidad y el desarrollo y el uso seguro de las biotecnologías para apoyar, en particular, a los pequeños agricultores, los productores y las pequeñas empresas basadas en la biotecnología.

 

Por último, los países acordaron también que la FAO y otras organizaciones internacionales pertinentes así como los donantes deberían aumentar significativamente sus esfuerzos para apoyar el fortalecimiento de la capacidad nacional respecto del desarrollo y el uso apropiado de biotecnologías agrícolas favorables a los pobres. La FAO ya colabora en esta esfera con una serie de asociados y, en consonancia con la ABDC-10, está dispuesta a trabajar con los organismos de las Naciones Unidas y otros asociados para intensificar los esfuerzos en materia de asistencia a sus Estados Miembros.


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